¿De qué va su personaje en Los
Querendones?
Se llama Valentín Alcántara, es un abogado que regresa a Venezuela
después de muchos años. El tenía su empresa montada
en Nueva York y después de ciertos fracasos en la vida, sobre todo de
índole emocional, decide regresar a su país, rehacer su vida
aquí y asociarse con un bufete.   Ahí es donde se empieza a
enredar con los protagonistas.
¿Por qué dejarse la barba? No teme
verse mayor?
(risas) Para nada. No usaba barba desde que hice Como Tú
ninguna, y el unitario La Virgen de Coromoto, hace más de diez
años. Decidí usarla porque el personaje es muy europeo, viste
mucho con sacos y cuellos de tortuga.
Con la imagen marca distancia, ¿cómo lograr
eso con la actuación? ¿Cómo hacer que su protagónico
en Sabor a ti y éste no se parezcan?
El de Sabor a ti oscilaba entre la alegría y la amargura de manera
impresionante. Valentín, en cambio, es más equilibrado, no
tiene esos picos tan fuertes, pues le sucedieron cosas en su historia y viene
curado. Busca rehacer su vida, pero vuelve a toparse con Fe (Fabiola
Colmenares).
¿Al fin jugará el rol de villano?
No lo sé. Hasta el momento no sabemos cuál va a ser la
historia.
Pero, ¿quisiera ser villano?
Lo que pasa es que yo hago el trabajo que se tenga que hacer y hasta el momento
no ha habido la oferta de un villano. Normalmente me ha tocado trabajar de
bueno, pero también me gustaría trabajar como villano.
Chico bueno y papá de la protagonista, como le
sucedió en Carita de Angel. ¿Se siente encasillado?
Con respecto a las etiquetas, de chico bueno, chico malo o el que se queda con la
muchacha, para mí son solo eso: etiquetas. Yo trabajo con
buenos personajes.
Entonces, ¿no le importa dejar de ser el
galán de la historia?
Para mí no es un problema que sea el papá de la protagonista
infantil o el papá de una protagonista adulta, o sea un villano, mientras
el personaje sea bueno. Yo no me formé como galán, sino como
actor.
¿Cómo resume sus 24 años de
carrera?
He hecho teatro, televisión y hasta he animado. Ha sido un tiempo
bonito, de mucho aprendizaje. Realmente empecé en teatro en 1982
con el taller del Teatro Universitario, en Macanillas. Gracias a la
orientación de Ricardo Acosta en sus clases me interesé en teatro
y lo hice por siete años hasta que vino la televisión.
¿Qué programa condujo?
Era un espacio de grama de la División de Tecnología Educativa del
Ministerio de Educación por el canal 5 y se llamaba La Cultura Popular.
Estuve dos años haciéndolo, grabamos 46 programas y fue un
aprendizaje en otra área.
Teatro y televiseón. ¿Cuál medio
le gusta más?
Cada medio tiene su encanto, mueven dos cosas diferentes. El teatro lo
vives dos horas y ya, convences en dos horas o te mueres. La TV tiene otras
características, es más íntima.
Pero la televisión le brinda mayor exposición
como artista...
Así es, porque permaneces diez meses al aire.
¿Ha perdido algo por esa exposición?
No he hecho ningún sacrificio por mi carrera. Mi costumbre es que yo
me muevo como un humano normal, salgo a la calle, a los centros comerciales y la
gente se puede acercar, soy uno más de ellos.
¿Famoso o popular?
Me considero conocido.
Casado por segunda vez. ¿Con ésta va la
vencida?
Tengo la sensación de que es la primera. Ahora estoy compartido entre
la telenovela y mi mujer, quien en abril me hará padre de una niña
y me siento muy feliz.
¿Quisiera que siguiera sus pasos?
Que los siga, pero después de los 18. No me gustaría que
siendo jovencita incursione, porque éste es un medio que requiere de una
personalidad formada y de paso si quiere estar aquí tiene que formarse
como actriz. Nada de que papá me va a ayudar.
¿Querendón?
Sí.
¿Llorón?
En mi vida personal... a veces.
¿Romántico?
También. Me gusta regalar flores, hacer momentos románticos,
me gusta dar mucho cariño, quizás sea una de las cosas que
Jennifer, mi esposa, no se queje de mi (risas).
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